La mayor parte de los museos e instituciones culturales de nuestra actualidad continúan suponiendo un ordenado conjunto de académicos con enormes (y absolutamente respetables) cerebros que atesoran conocimientos sobre el color en la Venecia del siglo XVI, el desarrollo de la Escuela de Fidias y la influencia de Goya en los expresionistas del siglo XX. Nosotros somos (bastante) más ignorantes. Sabemos algunas cosas, más bien pocas, pero nos gusta hacer algunas cosas, más bien muchas, con ellas.

Conscientes de nuestra ignorancia, nos atrevemos a cuestionar y experimentar. Pero en los museos, la palabra “experimentación” parece absolutamente alienígena. Las fórmulas de actuación en el edificio-museo están completamente predefinidas antes de que atravesemos el umbral de entrada, incluso antes de que estemos frente a él, incluso antes de que conozcamos la existencia de tal museo. No parece existir ningún resquicio, ninguna fisura a través de la cual podamos infiltrar la mano y hacer rodar un cuestionamiento, un “¿y si…?”
Necesitamos, por tanto, reapropiarnos del museo, de forma que éstos espacios se conviertan en centros de verdadero empoderamiento.

La visita a la exposición, nos supone en muchas ocasiones un tedioso rito de elitismo intelectual que no nos genera un verdadero placer a nivel emocional, y por tanto no establece una auténtica relación con nosotras

No nos oponemos a lo institucional de manera absoluta e unilateral, (de hecho todo esto viene de un amor y un romanticismo especial ante estos espacios) pero sí que consideramos que esta estructura muchas veces supone un poder omnímodo que define, y por tanto rechaza, invisibiliza, acalla, poda, transmuta, pisotea, moldea… muchos discursos y definiciones paralelas, pero perfectamente válidas, de lo que pueden ser: una obra de arte, un museo, un visitante etc.; e incluso pretenden concretar herméticamente cuál debe ser la relación entre la obra y nosotris.

Un cuestionamiento que, quede claro desde el principio, no proviene de ninguna pretenciosidad ni arrogancia, ni siquiera mala intención. No somos Eris lanzando una manzana dorada en un banquete de dioses escandalizados. Tan sólo semos personas con preguntas, que se han enfrentado a múltiples limitaciones en el contexto museístico, desde distintos frentes; que quieren encontrar esa barrera que parece invisible pero en realidad está muy bien pautada, y una vez allí jugar al funambulista, arriesgar en la ingravidez y probar equilibrios contrarios, pegarnos una torta, dos, tres, veinte, quizás conseguir alguna inesperada victoria, así como algún inescapable hachazo, pero siempre produciendo nuevas experiencias en las que se discutan, reformulen y redefinan los conceptos asociados al museo y a la institución cultural.
si tú piensas igual desmusea with nosotrus en las redes y en la calleeeee

 

 
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@clara_cloro

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@ daniel peccccch

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